Adiós
La abuela se ha ido y con ella un montón de cosas: olores, gestos, dichos… menos mal que los recuerdos son, eso, recuerdos que cada uno se los guarda, y que nunca los perderá. Y eso es lo que pienso hacer, vaya, lo hago desde que tengo uso de razón, no olvidar aquellos recuerdos que más me han impactado.
De los veranos en Sigüenza siempre estarán las entradas de estrangis en el comedor mientras los mayores comían, los descansos en la galería viendo la serie del mediodía, el no correr por la huerta, y menos de noche que te la encontrabas rezando el rosario por el camino…
Nunca olvidaré los viajes que en verano hacíamos con ella, el Comando, alguna de las tías y los Bofetas en la furgo; Cobarrubias, León, Burgos, El Burgo de Osma y muchas otras ciudades con mucho románico por medio…
Son un montón de recuerdos, la mayoría son imágenes, flashes de momentos concretos, mi hermana recordaba la recogida de frambuesas para mermelada, alguna vez me prohibieron formar parte de la patrulla de recogida… Yo recuerdo el coger un salero, adentrarme en el huerto de la casita y tomarme un tomate-tomate, cada vez que compro uno y lo huelo, me viene a la cabeza Sigüenza, y “ojo no te vea la abuela”. Lo dicho son todo imágenes.
Pero hay olores que me recuerdan a ella, a Júlia, que tiene piel atópica, le tenemos que poner de vez en cuando talquistina, ¿quien no recuerda ese olor tan característico de los polvos rosas de cuando se lo ponía para repeler a los mosquitos sentada en el porche haciendo esas mantas? Cada vez que le pongo la crema me acuerdo de ella, “huele Núria, así olía la abuela en Sigüenza”.
Me hubiera gustado decirle adiós de otra manera, no quería ir a Madrid a verla al hospital, me podeis llamar egoísta, o algún otro calificativo, pero no quería verla vieja, no quería verla y que no me llamara Ufito, el presentarle a una de sus últimas bisnietas y que no le dijera nada, no de palabra sino de sentimiento, no quería verla y llevarme una gran desilusión, me he ahorrado muchas penas. Pero una de las cosas que si tenía muchas ganas de hacer y tenía muy claro, era ir a Madrid a decirle adiós, estar un ratito sentado mirando al infinito de mi mente y decirle que me acordaré, que me acuerdo mucho de ella, desearle tranquilidad, pensar en ella un buen rato, sin prisas y con tiempo.
No lo he podido hacer, esperaba el momento y no ha llegado, en parte me alegro, así no le digo adiós directamente, pero me entristece pensar que seguro que a ella le hubiera gustado que los más queridos se reunieran a su alrededor, leyeran alguna lectura, le cantaran algo, le dijeran cosas en catalán, en francés, alemán… seguro que ella lo hubiera entendido todo. Me sorprendió saber que no le daban ese momento, que no me daban ese momento.
Eso sí, yo lo tendré igualmente, en Sarriá por eso, Máter ha decidido dárselo, y ahí estaré para decirle adiós como me hubiera gustado decírselo en Madrid.
Un beso muy, pero que muy fuerte abuela, que descanses en paz.
Ufi

